Desde
Los Ángeles se comunicó conmigo para concederme gentilmente esta
entrevista:
Ester
L.: Me cuentas que tu interés en la
astronomía comenzó con el cometa Halley ¿Lograste verlo?
Josep T. : Cada semana varias
veces, hasta unas 30 veces. Enviaba las observaciones a
la International Halley
Watch y LIADA ¡Que tiempos!
Ester
L.: Y tu interés
en los meteoritos y asteroides ¿Como comenzó?
Josep T. : Era un apasionado, ya
entonces, de los planetas (me carteaba con el Dr Agustín Sanchez Lavega
quien
ya
empezaba a despuntar), pero desde mis primeras observaciones en el campo
los meteoros llamaron
mi atención y lo poquito que sabíamos de estos
fenómenos entonces, (nuestra bibliografía era limitada).
También
me dediqué a seguir ocultaciones de estrellas por asteroides. Todo lo
relacionado con la materia
interplanetaria me fascinaba.
Ester
L.: Comenzaste
en la LIADA cuando tenías 15 años. ¿Cómo fue que te asociaste?
Josep
T. : Fue
en torno a 1985 cuando escribí a la LIADA y comencé mis primeros
contactos con Latinoamérica.
Era muy joven e hice grandes amigos con
los que compartir el entusiasmo por la astronomía.
Debo decir que soy un fascinado de la pluralidad y del encanto natural
de los pueblos latinoamericanos.
Me parece fantástico que podamos
compartir tanto con una lengua y espíritu de lucha en común.
Debemos seguir trabajando en LIADA para que Latinoamérica continúe
siendo escuela de grandes astrónomos.
Ester
L.: ¿Puedes
contarme algo más de tu relación con Ignacio Ferrín o de su visita a
Valencia?
Josep T. :
Siempre ha sido muy cordial. Yo contacté con LIADA allá por 1985, cuando él era uno de sus
principales motores.
Cuando Ignacio visitó la Asociación Valenciana de Astronomía en 1987 te puedes imaginar que fue realmente
importante para el grupo de jóvenes que allí nos reuníamos.
Compartimos con él nuestros modestos estudios del cometa Halley y de meteoros, con el entusiasmo
y ánimo de Ignacio Ferrín. Su participación en la International Halley Watch y sus publicaciones
motivaron entonces a muchos jóvenes en el estudio de los cuerpos menores del sistema solar.
Como el mismo se titula, Ignacio es un gallego universal. Mi madre y mi hermano nacieron también
en Galicia, una tierra fascinante.
Ester
L.: ¿En
que consiste tu trabajo de investigación en la UCLA?
Josep T. :
Básicamente trabajo sobre las condiciones de formación y evolución de asteroides y cometas.
Lo hago en base al estudio de los meteoritos más primitivos, algunos de los cuales tienen la firma de algunos
procesos fascinantes ocurridos en sus cuerpos progenitores.
Por ejemplo, recientemente hemos estado trabajando en el meteorito
Plainview. Esta brecha probablemente
estuvo formando parte del regolito
de su asteroide progenitor, sometida a continuos impactos.
Una pequeña
sección de ese meteorito es extraordinariamente rica en carbono (¡un
13%!) y hemos propuesto
que fuese producida en un impacto con un
proyectil de origen cometario. Los cometas tienen un porcentaje
muy
elevado de carbono, sin duda varias veces mayor que el presente en las
condritas carbonáceas.
Ese trabajo será publicado en breve en Geochimica et Cosmochimica Acta
y ha sido liderado por mi colega
Alan Rubin (UCLA).
Ester
L.: ¿Cuál
crees que es el papel que jugaron los cometas y meteoritos más
primitivos en el origen
de la vida en la Tierra?
Josep T. :
Pienso
que fundamental. Una vez finalizada la fase de grandes impactos, que dio
origen a la consolidación
de la Tierra, tenemos evidencias de una última fase muy importante de ese denominado “Gran Bombardeo” que
inalizó hace unos 3800 millones de años.
El enriquecimiento en agua y los compuestos orgánicos de la Tierra
primitiva tuvo lugar por la llegada de objetos ricos
en volátiles,
tales como cometas y condritas carbonáceas.
El Prof. Julio Fernández
ha demostrado el papel de la consolidación tardía de los planetas
gigantes Urano y Neptuno
como inductora de la caída de cometas sobre
los planetas terrestres durante las últimas etapas de acreción.
Pero estamos todavía lejos de comprender como tuvo lugar la aparición
de la vida.
El Prof. Joan Oro nos puso sobre la pista cuando en sus múltiples
trabajos insistía acerca de la gran similitud entre
la composición química
de los cometas y la de los seres vivos de la Tierra. Posiblemente seamos
el fruto de la evolución
de la materia orgánica traída por cometas y
condritas carbonáceas. Cuanto mas aprendemos de estos objetos mas
fascinados quedamos.
Ester
L.: ¿Entonces
crees que los compuestos orgánicos también llegaron en los meteoritos?
Josep
T. : Sí,
estamos convencidos que llegaron a través de cometas y condritas carbonáceas.
Las condritas carbonáceas contienen carbono
entre un 3 o 4% (en masa).
El
meteorito Murchison contiene incluso aminoácidos del mismo tipo de los
que pensamos debieron estar en la
“sopa primitiva” de la que
surgieron los primeros seres vivos.
Los estudios remotos de cometas sugieren que las proporciones de carbono
serán mucho mayores, pero desconocemos
todavía muchas cosas acerca de
ellos.
Con diversas misiones a cometas culminadas con Rosetta (ESA) al
cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko
en el 2014
esperamos aprender lo mas posible de estos fascinantes
objetos.
Ester
L.: ¿Pero
el agua no se pierde por evaporación al entrar en la atmósfera?
Josep
T. : Como
sabes la materia ni se crea ni se destruye, solo se transforma. Muchos
meteoritos condríticos
por su
fragilidad se fragmentan en la atmósfera, parte se vaporiza y
disocia pero el vapor de agua y el resto de compuestos
quedan en la atmósfera.
Además, si la geometría del encuentro es favorable pueden sobrevivir
fragmentos que llegan
intactos a la superficie terrestre.
El
meteorito de Tagish Lake caído en Canadá el 18 de enero de 2000 es un
fascinante ejemplo.
Estamos
aprendiendo mucho sobre estos procesos, es solo el comienzo.
Ester
L.: ¿Cómo
se determina que las condritas carbonáceas son tan antiguas? ¿Como se
las data?
Josep T. :
Hay
elementos químicos cuyos átomos pueden presentar un número diferente
de neutrones sin que varíen
sustancialmente sus propiedades. Estas
“variedades” para un mismo átomo se denominan isótopos.
Algunos
isótopos radiactivos quedaron “almacenados” en los meteoritos
durante su consolidación. Como conocemos
la ley exponencial en que esos
isótopos se desintegran en otros elementos, podemos estimar la cantidad
del isótopo
todavía radioactivo y la cantidad que ya ha transmutado,
entonces podemos estimar la cantidad inicial y el tiempo
en el que se
formaron.
Estimaciones
de los meteoritos más primitivos (condritas carbonáceas) indican en
promedio la antigüedad del sistema
solar en unos 4560
millones de años.
Fue
entonces cuando estos fascinantes objetos se consolidaron, antes de que
lo hiciesen los planetas.
Los
cocientes isotópicos mas usados para este menester suelen ser 87Rb/86Sr
o 87Sr/86Sr. (*)
Ester
L.: ¿Sabes
si se ha descubierto alguna condrita
carbonácea en Latinoamérica?
Josep T. :
Una de las mas famosas de los últimos tiempos es el meteorito
Allende, caído en México el 8 de febrero
de 1969. Un meteorito
fascinante que, por ejemplo, ha permitido datar el origen del sistema
solar.
En él quedaron retenidas inclusiones de calcio y aluminio que
denominamos CAIs, los objetos más antiguos que
conocemos, pues flotaban
alrededor del Sol en la nebulosa protoplanetaria antes de que se
consolidasen estos
meteoritos.
También es conocida la condrita carbonacea Santa Cruz caída en
Tamaulipas (México).
Ester
L.: ¿Cuáles
son los meteoritos que contienen más agua y cuales menos? ¿A que se
debe la diferencia?
Josep T. :
Los
que poseen mas agua son las condritas carbonáceas, que pueden poseer
hasta cerca de un 10%
en masa. Los que menos los meteoritos metálicos
que no poseen agua en su composición puesto que se formaron
a grandes
presiones y temperaturas.
La diferencia radica en que unos provienen de asteroides pequeños y
otros del interior de grandes asteroides
(cientos de kilómetros).
Me explico: los meteoritos metálicos se formaron en grandes asteroides
que se diferenciaron internamente, es decir,
los elementos pesados como
el hierro y el níquel se fueron al fondo por su mayor densidad y así
sucesivamente.
Cuando se formaron los asteroides grandes los impactos eran tan
frecuentes que los calentaron junto con los
elementos radioactivos allí
contenidos. Con asteroides gigantes en estado fluido los elementos más
densos se fueron
hacia el interior. Ese proceso se denomina
“diferenciación”.
Meteoritos métalo rocosos también existen. Se denominan palasitas y
provienen de regiones a medio camino, mezcla
de metal y roca. En cierto
sentido, es igual que lanzar una piedra a un estanque: la piedra por su
mayor densidad que
el agua se va al fondo. Por ello los meteoritos metálicos
son también extraordinariamente interesantes, dado que
provienen del
interior de grandes asteroides y nos cuentan con detalle la historia de
su asteroide engendrador.
Un gran impacto tuvo que ocurrir para que estas preciosas muestras del
interior de estos asteroides lleguen hasta
nosotros.
Por ello, los
meteoritos argentinos Campo de Cielo y las palasitas chilenas Imilac son
también un maravilloso legado
para generaciones futuras.
Ester
L.: Si
los meteoritos como el Allende o Murchison contienen moléculas orgánicas
complejas
¿Cómo es posible que éstas no se alteraran durante su larguísima
estadía en el espacio o al atravesar
la atmósfera?
Josep
T. : En
el espacio la radiación no puede penetrar más allá que unos cientos
de micras (dependiendo de su
longitud de onda). Los interiores de los
meteoritos más primitivos se mantienen prácticamente intactos siendo
representativos de los compuestos y química presente en los lugares del
sistema solar donde se formaron.
Al entrar en la atmósfera los
meteoritos no son calentados salvo en el exterior, no mas allá de unos
pocos
milímetros en la que se forma la corteza de fusión. El interior
permanece inalterado.
Ester
L.: En
tu opinión, ya existen evidencias que nos permitan decir
que la materia orgánica que
dio origen a la vida en la Tierra
fue aportada por los meteoritos o por los cometas. ¿O tiene otro origen?
Josep T. :
De
meteoritos ricos en carbono y de cometas. Porque sino ¿De donde pudo
venir?
Realmente no conocemos otros cuerpos con tal profusión de materia orgánica,
ellos fueron la clave de nuestra
existencia.
Lo fascinante es que la astrofísica nos revela que lo que no eran sino
teorías hace unas décadas sobre los discos
protoplanetarios y las
etapas tempranas de formación del sistema solar están repitiéndose
actualmente alrededor
de otras estrellas. Allí otros cometas y
meteoritos ricos en carbono quizás siembren la semilla si encuentran un
planeta adecuado y fructífero como este. Esto nos enseña muchas cosas. Mayor humildad y espíritu de lucha por
concienciar a las futuras generaciones.
Llegar hasta aquí ha sido un largo proceso por el que merece la pena
preservar la riqueza natural y diversidad de
este planeta, es justo
devolverle algo a cambio, dado que nos ha regalado quizás lo más
preciado del universo: la vida.
Ester
L.: ¿Es
correcto que en las
condritas carbonáceas se pueden encontrar las evidencias de que la
nebulosa en la cual se formó nuestro Sistema Solar se comprimió debido
a la onda expansiva de una
supernova cercana? De
ser esto cierto ¿Cuáles serían tales evidencias?
Josep
T. : Precisamente
al estudiar el meteorito Allende y otras condritas carbonaceas se llega
a la conclusión que
contenía un exceso
del isótopo 26Mg
(magnesio
26) que
solo puede explicarse por haber sido incorporado 26Al
( Aluminio 26) poco antes de haber condensado ese meteorito. Como ese isótopo
de aluminio transmuta a 26Mg
en unos 700.000 años ese 26Al
debió haberse incorporado poco después de haberse procesado en la
explosión
de una supernova.
Posiblemente la nube protoplanetaría que dio origen al Sol y los
planetas estuvo muy cerca de una región de formación
estelar
imponente, bellísima. Allí, una, (o más de una), supernova estalló y
su onda de choque conteniendo 26Al
enriqueció las nubes moleculares de las que nacería nuestro sistema
solar.
Hay claves adicionales pero esa sin duda es una de las de mayor peso.
Ester
L.: ¿Cuáles
son tus proyectos futuros?
Josep T. :
Sin
duda deseo seguir aprendiendo sobre el papel de los cuerpos menores en
el origen de la vida.
Ahora estamos afrontando un enorme reto en España que centra mi atención.
Un grupo interdisciplinario integrado principalmente por los Dres. Jordi
Llorca, Alberto Castro Tirado, Juan Fabregat,
José Luís
Ortiz, José Ángel Docobo y yo mismo estamos trabajando en el
desarrollo de una red para el registro de
bólidos con una tecnología
innovadora de cámaras de video y CCDs.
Esto es importante porque el estudio de las trayectorias de los bólidos
nos permite conocer cuando y donde caen
meteoritos.
Por si fuera poco, podemos estimar sus órbitas en el sistema solar para
saber de donde proceden y que mecanismos
dinámicos los han transportado
hasta aquí.
Con ello intentaremos recuperar más
meteoritos después del éxito conseguido con la recuperación y la
determinación
de la órbita del meteorito Villalbeto de la Peña, caído
en Palencia el 4 de enero de 2004.
Me
despido del Dr. Josep Maria Trigo, mientras me viene a la mente lo que
decía Carl Sagan: “La
superficie
de la Tierra es la orilla del océano cósmico. Desde ella
hemos aprendido la mayor parte de lo que sabemos.”
Siguiendo con esa metáfora, pienso que los meteoritos serían los
guijarros que el océano cósmico arroja a
nuestra playa,
dándonos solo una pequeña muestra de nuestro vasto universo.
(*)
Se refiere a los isótopos de los elementos Rb , Rubidio y Sr , Estroncio.
Nota
de la autora: Mi
agradecimiento al Sr. Oscar Turone, presidente de
la Sociedad Meteorítica Argentina,
por su ayuda y valiosas sugerencias.
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